sábado, 22 de septiembre de 2018

LA PARTICIPACIÓN SOCIAL

LA PARTICIPACIÓN SOCIAL
Por Ing. Eduardo Riqueros Raygada
En las actuales circunstancias en las que vivimos, toda la población y los jóvenes sobretodo, ven con preocupación cómo se desenvuelve la situación política nacional y regional, donde se busca llegar al poder político, sin el menor conocimiento de lo que se va a hacer, sin sustentar sus planes en la ciencia y la técnica, y mucho menos sin el reconocimiento y cumplimiento de la aplicación de los valores humanos en la vida social y en la gestion, en virtud de lo cual, nos encontramos inmersos en escandalos de corrupcion, peleas internas, uso de la demagogia, atraso y subdesarrollo, etc, lo que nos genera una tambaleante democracia, la misma que requiere de la participación de toda la población en su conjunto.
Si bien es cierto que como persona dentro de nuestra sociedad, no somos más que un simple árbol dentro de un bosque, ello no significa que no tengamos el derecho a disfrutar de la vida, pero lo real y concreto, es que vivimos en sociedad, y tenemos que aprender a vivir e interrelacionarnos entre seres humanos para buscar un futuro social mejor. Antiguamente los griegos llamaban idiota, al ciudadano que no participaba en política, porque lo consideraban una persona aislada, metido tan solo en los problemas de su casa, pero fuera de esta, el sistema social lo manipulaba a el y su familia aunque no lo quisiera.
Creemos que es necesario, la participación social de todos los ciudadanos, y dejar de lado ese famoso dicho: “ Yo no meto en política”, creyendo que de esa manera podemos vivir en una sociedad política, desentendiendose de ella, cediendo a otras personas, muchas veces sin la capacidad necesaria, ni la moral, el tomar decisiones sobre nuestra problemática socioeconómica, que nos afectan antes o después. Por lo mencionado se requiere de la participación social efectiva de cada ciudadano, y el estar vigilantes y participativos de los grupos políticos, de tal manera que no se conviertan en sectas, sino en centros de investigación y aplicación de los valores humanos, tan traídos a menos, los mismos que otorgan la fuerza moral para cambiar nuestro país o región.